Se han identificado
diferentes variables psicológicas que tienen impacto sobre los individuos que
viven con artritis y sobre su capacidad para manejar su enfermedad. De estos
dos factores importantes se han descrito como los más predominan la depresión y
el estrés.
Depresión: Frecuentemente los
pacientes con enfermedades crónicas presentan cierto grado de depresión, pero
es este un grupo especial de pacientes ya que no solo padecen una enfermedad
dolorosa crónica sino que su imagen corporal se ve afectada por la misma
generando aún más posibilidades de presentar depresión.
Depresión y
Sexualidad: Como
es bien sabido la depresión es un factor importante en el manejo de las
relaciones interpersonales, siendo frecuente su asociación con disminución de
la libido y de la potencia sexual así como con la incapacidad para obtener
placer en cualquier actividad que la persona deprimida realice.
Estrés: Cuando el paciente empieza a
experimentar los síntomas de la Artritis, se enfrenta a una situación que cumple
las características principales para disparar lo que en psicología denominamos
un proceso de estrés. No sólo es una situación nueva, sino que se acompaña de
una sintomatología muy marcada y limitante. Todo esto hace que el padecimiento
de la enfermedad se convierta para el paciente en una amenaza importante que se
ve aumentada por la falta de información y de armas para hacerle frente.
Si tuviéramos que describir las
características más importantes que convierten a la artritis reumatoide en una
situación estresante para el que la sufre podemos resaltar las siguientes:
- La novedad, impredictibilidad e incontrolabilidad de la enfermedad: Se trata de una situación nueva, sobre la que el individuo no tiene información y que cursa además siguiendo un patrón completamente impredecible y por tanto incontrolable.
- El dolor: presente en algunos casos de forma continua y muy intensa, parece ser más importante para los pacientes con AR que cualquier incapacidad tanto psicológica como física a la hora de utilizar medicación.
- La discapacidad: que se presenta en los pacientes con AR como una consecuencia de la evolución de la enfermedad y va limitándoles para la realización de muchas de sus actividades cotidianas.
- Otros: A estos elementos centrales de la AR, se asocian en ocasiones problemas laborales, económicos derivados de los anteriores, de pareja y en las relaciones sexuales, alteración de los roles familiares y problemas en las relaciones sociales, que pueden verse disminuidas a veces drásticamente.
Ansiedad: En cuanto a la ansiedad existe controversia respecto
a sí ella aumenta o no el dolor. Una teoría defiende que a mayor nivel de
ansiedad, mayor intensidad del dolor percibido.
La ansiedad es un
trastorno frecuente en los pacientes con enfermedades crónicas. Se considera
que existen diversas formas de expresión de la ansiedad: la ansiedad personal,
puede considerarse como una característica estable de la personalidad; la
ansiedad situacional, que resulta ser un estilo reactivo a situaciones que
comprometen los motivos fundamentales del individuo y la ansiedad patológica,
típica de las neurosis, que representa una alteración de la autorregulación
personal.
Implicancias
en el Autoestima: Por
otro lado aún en aquellos pacientes que no padecen de depresión asociada,
pueden a partir del compromiso de sus articulaciones en manos o pies o baja
autoestima, tener vergüenza o pudor, inclusive frente a la pareja de toda su
vida, induciéndola gradualmente a un alejamiento sexual de su cónyuge.
En general muchos síntomas psicológicos se pueden generar entre las
personas con alguna enfermedad crónica, la cuales la mayoría son parecidas como
el estrés, la ansiedad y la depresión, siempre queda en la persona que busque
ayuda profesional, para tratarlos para una mejoría de su estilo de vida.
Intervención
psicológica
El tratamiento psicológico ha demostrado ser eficaz en distintos aspectos
de las enfermedades reumáticas (p.ej: manejo del dolor, mejora de la calidad
de vida, capacidad funcional),
tanto en las de curso crónico como en los procesos musculoesqueléticos de duración puntual, siendo posible realizar
estos tratamientos en diferentes
formas (individual, grupal, e incluso por Internet para pacientes con dificultades para asistir de forma presencial.
La intervención psicológica está
dirigida a reducir el dolor y/o discapacidad y a mejorar la calidad de vida del
paciente, promoviendo un afrontamiento activo y eficaz, siempre adaptando
el tratamiento a las características de los pacientes. En líneas generales, el tratamiento psicológico puede servir para: o Comunicar de forma óptima el diagnóstico, ayudando a que el
médico, la familia, el entorno
social y el propio paciente comprendan mejor la enfermedad, especialmente aquéllas de difícil diagnóstico y/o
pronóstico. La percepción del
paciente sobre su problema determina que su conducta sea más o menos adaptativa. o
Mejorar la adhesión activa a las prescripciones terapéuticas mediante programas de autocuidado que muestran
al paciente la importancia del correcto
uso de los fármacos, de la realización de los ejercicios, así como la forma programada de instaurar
estas conductas o prevenir y/o corregir los factores psicológicos asociados a la
enfermedad, lesión o incapacidad:
- Cuadros somáticos derivados de alteraciones psicológicas: que coexisten con el resto de los síntomas (p.ej.: dolor torácico por crisis de angustia, cefalea tensional, descenso del umbral doloroso por distimia).
- Componentes psicofisiológicos: asociados a las enfermedades reumáticas (p.ej. tensión muscular o activación emocional sostenida).
- Factores conductuales de riesgo: p.ej.: sobrepeso, ausencia de ejercicio físico o reacciones fóbicas postraumáticas o a los procedimientos médicos.
- Hiperreactividad emocional (p.ej.: ansiedad, depresión, miedo, respuestas ante situaciones estresantes).
Por
otro lado entre los objetivos principales de la intervención psicológica en
pacientes con artritis se encuentra promover
el afrontamiento activo de la enfermedad, evitando que el paciente entre
en el círculo vicioso de la desesperanza y el abandono, también ayudar al paciente a mantener una vida social
y sexual adecuada, proporcionándole los recursos necesarios para
adaptarse a la nueva situación. Se busca convertir al paciente en un mejor gestor de su salud, colaborando
en esta tarea con los reumatólogos, el personal de enfermería, los
fisioterapeutas, los rehabilitadores y otros profesionales sanitarios.
En cuanto a la labor Educacional, dirigida al
paciente con artritis: coordinando, en colaboración con otros
profesionales de la salud, los cursos de “paciente experto”, en los que se
enseña al paciente reumático a ser un mejor gestor de salud, implicándose en su
autocuidado. El psicólogo le enseña a identificar y manejar sus estados
emocionales y los aspectos psicológicos de este tipo de enfermedades,
promoviendo técnicas de afrontamiento adecuadas e insistiendo en la importancia
del adecuado cumplimiento terapéutico de todas las pautas sugeridas por su
reumatólogo.


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