lunes, 5 de diciembre de 2011

Implicancias Psicológicas en el Enfermo Terminal



Desde una visión netamente psicológica se puede observar de primera mano que existe una privación de estímulos afectivos al enfermo. Esto se debe que los hospitales por todo el ajetreo diario y la cantidad de pacientes que se maneja a diario, se muestra una gran disminución de la interacción social, facilitando que prolifere un estado depresivo. También se debe tener en cuenta los sentimientos de inutilidad e incapacidad que se pueden estar produciendo en estas personas, muchas veces por el desinterés en conservar la comunicación por los familiares o cuidadores. Por esta situación el paciente no expresa sus preocupaciones para no sentirse una cargas más pesada de lo que ya puede estar sintiéndose y también las personas que lo cuida no permite que las quejas se manifiesten, ya que le desea restar importancia a la gravedad de la condición de paciente, o también con el fin de huir de los propio miedos, pero estas situación no benefician para nada afrontar las realidad que le está sucediendo al paciente.
Entre las diferente sintomatología que se pueden observar en este tipo de pacientes se encuentra la angustia, depresión, crisis de llanto, estados confusionales, etc.; y en mucho delos casos se acompañan con efectos de la enfermedad o la medicación. Con esto cada claro la gran importancia que tiene la intervención psicológica de forma eficaz, dirigida a todas los elementos implicados en la situación terminal (paciente, familia o personas relevantes y profesionales de la salud).
Teniendo en cuenta lo explicado no se debe plantear un trabajo terapéutico para la curación o remisión de la enfermedad, puesto que ya es imposible, sino se debe poner énfasis en darle al enfermo el máximo confort.

Curar o Cuidar
Los modernos recursos de que dispone la Medicina han creado en los ciudadanos y también en los profesionales una especie de “delirio de inmortalidad” y han llevado al médico a confundir su vocación: se ha potenciado la misión “curativa” y se ha olvidado su auténtica misión, esto es, aliviar el sufrimiento humano. Se debe tener en cuenta que los médicos dedican un tiempo mínimo a tomar el puesto de cuidador y más aún que el curar a un paciente, causa una gran motivación muy grande para el personal sanitario.
Sin embargo, estas cuestiones generan diferentes debates, del porque un enfermo terminal desea quitarse la vida con la técnica de la eutanasia, ya que un paciente en un estado de cuidado optimo no preferiría por grande que fuese su situación terminal (estado físico y emocional) la cual estuviese controlada, abandonar la vida voluntariamente

Generar Confort


La confortabilidad del paciente es el objetivo de todo el proceso asistencial. No se trata de alargar, sino de mejorar la calidad de vida. Lo que se pretende es disminuir el sufrimiento del paciente y de sus familiares, conservar la autonomía, la dignidad de las personas y su capacidad de decisión, participando activamente en la toma de decisiones durante todo el proceso asistencial.
Es importante sensibilizar a todos los profesionales de la salud y familiares que tenga un contacto con el paciente de que el confort es un objetivo legítimo, y que preservar la dignidad humana es un fin tan valioso como también lo es poder reducir el avance de la enfermedad. 
Por otro lado la intervención psicológica juega un rol importante entre todas las personas que tiene contacto con el paciente, da un apoyo psicológico al personal de salud, y también pone énfasis en cómo informar, orientar y apoyar al paciente y a sus familiares. Proporcionar recursos técnicos y metodológicos a través del entrenamiento en habilidades de comunicación, autocontrol, resolución de problemas, afrontamientos al estrés, modificación de actitudes. Para tener un acercamiento al enfermo terminal se debe tener en cuenta tres objetivos fundamentales que son la preservación de la dignidad del paciente, el apoyo emocional y el control de los síntomas.

Control de los síntomas.
El control de los síntomas se realiza mediante tratamientos adecuados y minuciosos en función de las repercusiones que provoquen en el paciente y no del tiempo que le quede de vida. Hay que tener en cuenta la relación beneficio, coste, iatrogenia y la opinión del paciente y su familia al respecto.

Apoyo emocional.
Dar un apoyo emocional adecuado es tan importante como el control de los síntomas, porque se puede apreciar si el afecto negativo del paciente es elevado, la expresión de emociones puede presentarse como el problema fundamental, lo que repercute en una mayor dificultad para que el cuidador detecte las necesidades reales del paciente, pudiéndose producir sensaciones de desamparo tanto en el paciente como en el cuidador.

Fomentar la comunicación.
La comunicación permite explorar el mundo interior del paciente y las consecuencias de la enfermedad sobre su persona, esto requiere una preparación adecuada no solo para recibir, sino también para dar y proteger y no puede confiarse solo a la intuición. Recoger información y dar el diagnóstico y pronóstico de una enfermedad maligna, superar las dificultades que plantee la familia, entender y responder a las demandas del paciente según su grado de comprensión, son tareas fundamentales de los elementos de la situación terapéutica (equipo terapéutico-paciente-familia). No siempre es fácil de lograr pero se deben tener en cuenta las siguientes pautas para un buen desarrollo de la comunicación del médico, paciente y familia:
La información es útil cuando es demandada por el enfermo y su provisión es terapéutica, la cual debe ser proporcionada por el agente adecuado. La comunicación debe ser continuada y abierta, intentando aclarar el significado de los síntomas o molestias y dar solución a la preocupación por los mismos, así como conocer las necesidades de información del paciente; también se tienen que explicar lo que sucede con cada una de las quejas ya que ello produce sensación de dominio y posibilidad de control del sufrimiento, así como seguridad de la eficacia profesional; evitar los indicios innecesarios de empeoramiento. Para ello se ha de huir de los "silencios sospechosos" ante preguntas o apreciaciones comprometidas. En la medida que sea posible se emplearán pautas fijas de medicación (no incrementar el número de medicamentos aunque se incremente la dosis) y si se añade un nuevo tipo, o se utiliza una vía diferente de administración, indicar la función de la misma; se han de proporcionar mensajes con esperanza sin que ello implique "mentir" al paciente. La esperanza se refiere en todo caso a la posibilidad de alivio y/o control del sufrimiento y no a un incremento del período de supervivencia o a posibilidades irreales de curación; es fundamental el mantenimiento de la comunicación no verbal con el paciente, con el fin de mostrar mediante el contacto ocular el interés y la atención al problema del paciente y la cercanía física, evitando así sensaciones de rechazo; finalmente, la congruencia informativa, tanto entre los proveedores de información (equipo terapéutico) como para los receptores de la misma (paciente y familia o personas relevantes), evita recelos innecesarios que incrementan la sensación de inseguridad o generan desconfianza en el paciente.


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