Desde una visión netamente
psicológica se puede observar de primera mano que existe una privación de
estímulos afectivos al enfermo. Esto se debe que los hospitales por todo el
ajetreo diario y la cantidad de pacientes que se maneja a diario, se muestra
una gran disminución de la interacción social, facilitando que prolifere un
estado depresivo. También se debe tener en cuenta los sentimientos de
inutilidad e incapacidad que se pueden estar produciendo en estas personas,
muchas veces por el desinterés en conservar la comunicación por los familiares
o cuidadores. Por esta situación el paciente no expresa sus preocupaciones para
no sentirse una cargas más pesada de lo que ya puede estar sintiéndose y
también las personas que lo cuida no permite que las quejas se manifiesten, ya
que le desea restar importancia a la gravedad de la condición de paciente, o
también con el fin de huir de los propio miedos, pero estas situación no
benefician para nada afrontar las realidad que le está sucediendo al paciente.
Entre las diferente
sintomatología que se pueden observar en este tipo de pacientes se encuentra la
angustia, depresión, crisis de llanto, estados confusionales, etc.; y en mucho
delos casos se acompañan con efectos de la enfermedad o la medicación. Con esto
cada claro la gran importancia que tiene la intervención psicológica de forma
eficaz, dirigida a todas los elementos implicados en la situación terminal
(paciente, familia o personas relevantes y profesionales de la salud).
Teniendo en cuenta lo explicado
no se debe plantear un trabajo terapéutico para la curación o remisión de la
enfermedad, puesto que ya es imposible, sino se debe poner énfasis en darle al
enfermo el máximo confort.
Curar o Cuidar
Los
modernos recursos de que dispone la Medicina han creado en los ciudadanos y
también en los profesionales una especie de “delirio de inmortalidad” y han
llevado al médico a confundir su vocación: se ha potenciado la misión
“curativa” y se ha olvidado su auténtica misión, esto es, aliviar el
sufrimiento humano. Se debe tener en cuenta que los médicos dedican un tiempo
mínimo a tomar el puesto de cuidador y más aún que el curar a un paciente,
causa una gran motivación muy grande para el personal sanitario.
Sin
embargo, estas cuestiones generan diferentes debates, del porque un enfermo
terminal desea quitarse la vida con la técnica de la eutanasia, ya que un
paciente en un estado de cuidado optimo no preferiría por grande que fuese su
situación terminal (estado físico y emocional) la cual estuviese controlada,
abandonar la vida voluntariamente
Generar Confort
La confortabilidad del paciente
es el objetivo de todo el proceso asistencial. No se trata de alargar, sino de mejorar
la calidad de vida. Lo que se pretende es disminuir el sufrimiento del paciente
y de sus familiares, conservar la autonomía, la dignidad de las personas y su
capacidad de decisión, participando activamente en la toma de decisiones
durante todo el proceso asistencial.
Es importante sensibilizar a
todos los profesionales de la salud y familiares que tenga un contacto con el
paciente de que el confort es un objetivo legítimo, y que preservar la dignidad
humana es un fin tan valioso como también lo es poder reducir el avance de la
enfermedad.
Por otro lado la
intervención psicológica juega un rol importante entre todas las personas que
tiene contacto con el paciente, da un apoyo psicológico al personal de salud, y
también pone énfasis en cómo informar, orientar y apoyar al paciente y a sus
familiares. Proporcionar recursos técnicos y metodológicos a través del
entrenamiento en habilidades de comunicación, autocontrol, resolución de
problemas, afrontamientos al estrés, modificación de actitudes. Para tener un acercamiento al enfermo terminal se debe tener en cuenta tres objetivos fundamentales que son la preservación de la dignidad del paciente, el apoyo emocional y el control de los síntomas.
Control de los
síntomas.
El
control de los síntomas se realiza mediante tratamientos adecuados y minuciosos
en función de las repercusiones que provoquen en el paciente y no del tiempo
que le quede de vida. Hay que tener en cuenta la relación beneficio, coste, iatrogenia
y la opinión del paciente y su familia al respecto.
Apoyo emocional.
Dar un apoyo emocional adecuado
es tan importante como el control de los síntomas, porque se puede apreciar si
el afecto negativo del paciente es elevado, la expresión de emociones puede
presentarse como el problema fundamental, lo que repercute en una mayor
dificultad para que el cuidador detecte las necesidades reales del paciente,
pudiéndose producir sensaciones de desamparo tanto en el paciente como en el
cuidador.
Fomentar la
comunicación.
La
comunicación permite explorar el mundo interior del paciente y las
consecuencias de la enfermedad sobre su persona, esto requiere una preparación
adecuada no solo para recibir, sino también para dar y proteger y no puede
confiarse solo a la intuición. Recoger información y dar el diagnóstico y
pronóstico de una enfermedad maligna, superar las dificultades que plantee la
familia, entender y responder a las demandas del paciente según su grado de
comprensión, son tareas fundamentales de los elementos de la situación
terapéutica (equipo
terapéutico-paciente-familia). No siempre es fácil
de lograr pero se deben tener en cuenta las siguientes pautas para un buen
desarrollo de la comunicación del médico, paciente y familia:
La información es útil cuando es
demandada por el enfermo y su provisión es terapéutica, la cual debe ser
proporcionada por el agente adecuado. La comunicación debe ser continuada y
abierta, intentando aclarar el significado de los síntomas o molestias y dar
solución a la preocupación por los mismos, así como conocer las necesidades de
información del paciente; también se tienen que explicar lo que sucede con cada
una de las quejas ya que ello produce sensación de dominio y posibilidad de
control del sufrimiento, así como seguridad de la eficacia profesional; evitar
los indicios innecesarios de empeoramiento. Para ello se ha de huir de los
"silencios sospechosos" ante preguntas o apreciaciones comprometidas.
En la medida que sea posible se emplearán pautas fijas de medicación (no
incrementar el número de medicamentos aunque se incremente la dosis) y si se
añade un nuevo tipo, o se utiliza una vía diferente de administración, indicar
la función de la misma; se han de proporcionar mensajes con esperanza sin que
ello implique "mentir" al paciente. La esperanza se refiere en todo
caso a la posibilidad de alivio y/o control del sufrimiento y no a un
incremento del período de supervivencia o a posibilidades irreales de curación;
es fundamental el mantenimiento de la comunicación no verbal con el paciente,
con el fin de mostrar mediante el contacto ocular el interés y la atención al
problema del paciente y la cercanía física, evitando así sensaciones de
rechazo; finalmente, la congruencia informativa, tanto entre los proveedores de
información (equipo terapéutico) como para los receptores de la misma (paciente
y familia o personas relevantes), evita recelos innecesarios que incrementan la
sensación de inseguridad o generan desconfianza en el paciente.


No hay comentarios:
Publicar un comentario